El México que Queremos

El México que Queremos

El México que Queremos

Nuestra visión es integral: queremos un México seguro, próspero, justo, limpio, democrático. Para ello hay que igualar las oportunidades en salud, educación, infraestructura y servicios; reorientar nuestro desarrollo hacia la sustentabilidad y construir un Estado Democrático de Derecho. Este es reto el más importante.

La falta de Estado de Derecho se refleja en problemas graves: inseguridad, corrupción, desigualdad. A su construcción debe destinarse la mayor cantidad de recursos y la mayor atención de la o el Presidente. La observancia de la ley cobra centralidad en las tareas de seguridad, procuración y administración de justicia. Necesitamos autoridades capaces de prevenir los delitos, y perseguir, castigar y rehabilitar eficazmente a quien los cometa.

La carencia de un Estado de Derecho mina el Desarrollo. Sin seguridad y certidumbre jurídica se reducen inversiones, empleos, turismo y en general, la actividad económica. Esto afecta no sólo a grandes empresas globales, sino principalmente al agricultor o al comerciante, en Tierra Caliente o en la Montaña, en Michoacán o Guerrero: huyen de la delincuencia y dejan su tierra. Un economista de la Universidad de Harvard[1] encontró que el PIB de los países con plena legalidad crece 3% más por año en promedio que el de los países sin ella.

Es indispensable construir Policías, Ministerios Públicos (MPs) y Jueces eficaces y confiables según los mejores estándares. No los tenemos. Por eso impulsé la formación de policías cuya confiabilidad se basara en un sistema integral de control de confianza -exámenes toxicológicos y poligráficos, entre otros-. Hay quien piensa que no habrá ese tipo de instituciones sino hasta que salgamos del subdesarrollo. Es al revés: no saldremos del subdesarrollo si no tenemos estas instituciones.

Salvo el aumento de fines de la década pasada, el presupuesto para policías, MPs y jueces se ha mantenido igual e incluso con reducciones reales preocupantes, particularmente en los Estados. Si se quiere resolver el problema que más inquieta y afecta a los mexicanos, este presupuesto debe crecer de manera exponencial. La prevención a través de oportunidades sociales es vital, pero no substituye el deber de combatir firmemente a la delincuencia.

No me opongo al debate de la legalización de las drogas, pero se equivocan quienes creen que la inseguridad se arregla con eso. Existen países con drogas reguladas y otros con prohibición estricta que, indistintamente, son notablemente seguros. Y no es por el régimen legal de drogas, sino porque tienen instituciones fuertes, policías, fiscales y jueces que hacen bien su trabajo.

Es indispensable invertir en la gente: educación, salud, infraestructura y servicios públicos de calidad. Estas inversiones deben guiarse por el compromiso del desarrollo sustentable: implica transformar los sistemas de energía, ciudades y uso de suelo hacia un modelo de bajas emisiones y el cuidado de la naturaleza. Debe impulsarse la transición digital, el avance en la economía del conocimiento, la equidad de género y, sobre todo, la equidad social y el bienestar de las familias.

Debe corregirse el retroceso en derechos ciudadanos: la falta de democracia interna en partidos, la opacidad en recursos y la carencia de una segunda vuelta, vulneran tales derechos.

Si se jerarquiza debidamente, el presupuesto puede ajustarse para atender adecuadamente estas prioridades. México debe ser un jugador de peso en la comunidad internacional. Debemos primero poner la casa en orden. Esta es la ruta hacia el México que queremos.

[1] Barro, Robert, Determinants of economic growth: A cross-country empirical study (1996).

 

Contacto@felipecalderon.org.mx

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